Devoción, jotas y tradición: Cantalapiedra arropa a la Virgen de la Misericordia en su segunda procesión

El calor no fue impedimento para que Cantalapiedra volviera a volcarse con su patrona en la segunda misa y procesión en honor a Nuestra Señora la Virgen de la Misericordia. Los fieles llenaron la ermita para cantar la tradicional misa en latín y entonar la Salve popular, antes de sacar a la imagen en un emotivo recorrido alrededor del parque. Mientras algunos vecinos buscaban un respiro bajo la sombra para protegerse de las altas temperaturas, muchos otros no dudaron en lanzarse a bailar la Taranina con entusiasmo frente a la talla.

La misa fue celebrada por el párroco Anastasio Fariza acompañado del sacerdote pasionista de la villa, José Luis Quintero y del seminarista del pueblo, Mario Cabrera. Alberto Iglesias tocó el órgano, y este junto a Rubén Coria y Javi, entonaron la Taranina con las dulzainas y redoblante.Emilita Prieto cantóel Incarnatus Est y otras muchas personas acompañaron en el coro y otras labores de organización y tareas precisas para llevar a cabo esta fiesta.

Uno de los momentos más entrañables de la jornada se vivió cuando, siguiendo la arraigada tradición local, se bajó la imagen al suelo en varios puntos del trayecto. Allí, los vecinos más mayores y, especialmente, los recién nacidos de este año se acercaron a besar la Virgen para inmortalizar el emotivo recuerdo en familia. El relevo para portar las andas fue constante durante toda la marcha.

El broche de oro a esta jornada de convivencia lo pusieron los mayordomos de este año —los nacidos en 1957—, quienes acompañaron a la patrona en todo momento y, al terminar los actos religiosos, invitaron a todo el pueblo a un animado convite de pastas y refrescos en el salón Pósito.


























































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